Para muchas personas la vida es un eterno carnaval donde sus día a día consisten en renovarse la careta. ¿Tanto cuesta ser auténticos, es demasiado pedir tener que ser uno mismo, con defectos y virtudes? ¿No es mejor decir lo que nos pasa en el preciso momento en que debemos expresarlo? No nos damos cuenta, pero lo único que logramos con esa actitud es perder la oportunidad de manifestarnos y resolver situaciones, de decir las cosas en el momento en el que hay que decirlas. Es como tener un gran globo inflado con helio, si no sabemos sostenerlo puede escapársenos de la mano y con él volarse todas aquellas palabras que no dijimos. Hay que poner en práctica la frontalidad, es mucho mejor que el eterno silencio. Por menos caretas y más sinceridad.
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